Hace unos años, en un programa de televisión americana, se hizo un experimento muy interesante sobre la culpabilidad. El resultado, sin salirse fuera de lo normal, fue bastante llamativo. Se puso un charco helado en la calle donde no debería haber ninguno, ya que no había mucho frío. Se grabo con cámara oculta la reacción de los peatones. Los que pasaban por allí, al resbalar sobre el hielo se revolvían, recuperaban el equilibrio, y lo siguiente que hacían era mirar fijamente a la persona más cercana que tenían, con mirada de asesino, como si estuvieran enfada con esta persona.
En otras palabras, buscaban alguien a quien culpar. Curiosamente, si no había ninguna persona cerca, recuperaban el equilibrio, miraban a su alrededor, no veían a nadie y se seguían su camino tal cual.
Nuestra tendencia natural cuando algo va mal es buscar algo o alguien a quien culpar. Se utiliza la culpabilidad y el reproche muy a menudo y muchas veces se convierten en el centro de nuestras vidas.
Aunque tengas toda la razón del mundo, deja el "bicho" de la culpabilidad aparcado y sigue tu camino. En épocas de crisis es muy fácil caer en este error.







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