"Nada es bueno o malo, solo nuestros pensamientos hacen que lo sea", son palabras de Shakespeare. Se sabe ahora cientificamente que nuestro estado de ánimo lo dirige nuestro inconsciente, el cual no podemos modificar directamente, pero si podemos influir en él, ¿cómo?, pues con tu consciente.
Pongamos un ejemplo. Un persona se encuentra en un determinado momento de mal humor, e intenta conscientemente forzar una sonrisa, e incluso una risa. En definitiva, se fuerza el consciente para influir en el insconsciente. Después de hacerlo, con dificultad por cierto, se encontrará mejor, más relajado y ligeramente más contento.
¿Pero por qué voy a reírme si no tengo ganas? Ese es el error. Esperamos a sentirnos bien (inconsciente) para mostrar nuestra alegría (consciente).
Lo que se debería hacer es al revés, intentar forzar nuestra sonrisa para alimentar positivamente nuestro interior.
No esperemos a tener verdaderas razones para estar contento, hagámoslo al revés. Difícil no, es bastante difícil, ya que nadie nos ha enseñado a hacerlo. Y como está comprobado, una persona más feliz y optimista tiene muchas más oportunidades de encontrar trabajo que una persona que no lo es.
Decía Abraham Lincoln: "casi todas las personas son tan felices como deciden serlo"






