En ocasiones, llega a nuestras manos un cv que parece un par de páginas de un libro por la cantidad de texto que aparece en él: grandes párrafos donde el candidato, en vez de sintetizar su experiencia profesional, relata su trayectoria profesional como si estuviera escribiendo una novela. Al margen de la calidad literaria de la persona, esta es una mala opción para un cv. Es bastante probable que, ante la perspectiva de tener que leerse varios densos párrafos para saber a quien tiene en sus manos, el ocupado entrevistador prefiera echarle un rápido vistazo a los siguientes cv en los cuales se ve a primera vista los puestos de trabajo ejercidos.
Lo ideal es presentar las experiencias laborales de manera breve pero completa, que no “asuste” al lector, pero incluya todos los datos que van a hablar bien de nosotros. Hay muchas maneras de hacerlo, de las cuales os comento una de ellas. Se trata de dedicar no más de 3 renglones a cada experiencia, sin la necesidad de incluir los epígrafes “Puesto desempeñado”, “Empresa”, “Funciones”, etc, pues se averigua de manera intuitiva y no recarga tanto el texto. Para ello se incluye en la primera línea el puesto de trabajo desempeñado (en negrita para resaltarlo), seguido de la empresa y lugar dónde ha tenido lugar. Así a primera vista, el entrevistador puede conocer en 5 segundos todo lo que hemos hecho con simplemente fijar la vista en las palabras en negrita.
En la segunda línea y con una tabulación (es decir, varios espacios hacia la derecha, para que se entienda que estamos explicando la misma experiencia) señalamos las principales funciones ejercidas. Podemos mostrarlas en cursiva para romper un poco la monotonía del cv, pero no deberían ocupar más de un renglón así que deberemos agruparlas por categorías si son muchas funciones. Ya tendremos tiempo en la entrevista de explicar con pelos y señales nuestros cometidos en anteriores trabajos.
En la tercera y última línea (también con una tabulación a la derecha) indicaremos la fecha o la duración de cada experiencia. ¿Qué es mejor, fecha o duración? Pues depende de la trayectoria de cada uno. Por ejemplo, si hemos trabajado de administrativo 10 años, pero fue desde 1990 hasta 2000, el entrevistador apreciará nuestros años de experiencia, pero es posible que piense que no estaremos familiarizados con los modernos programas informáticos de trabajo. En ese caso pondremos la duración: 10 años. Pero vayamos al caso contrario: si hemos trabajado en un puesto similar al que optamos solamente 4 meses, pero ha sido de Noviembre del 2008 a Febrero del 2009, en ese caso pondremos la fecha: 2008-09, dando la impresión de haber trabajado dos años. Es importante recordar que en un curriculum nunca se miente, pero si se maquilla. El cv solamente sirve para conseguir una entrevista de trabajo, y debemos consignar nuestros datos para que hablen lo mejor posible de nosotros. Luego en la entrevista, comentaremos que nuestra experiencia fue del año 1990 al 2000, o que trabajamos 4 meses entre 2008-09, pero ya estaremos en la entrevista, que es un tipo de “batalla” distinto al del cv.
Debemos ser coherentes con la estructura del cv: si en un trabajo ponemos la duración, en todos los demás trabajos del mismo cv deberán aparecer también la duración. Lo mismo se aplica si mostramos las fechas. Y una ventaja adicional de poner la duración es que podemos ordenar nuestras experiencias laborales según más nos convenga (al contrario que con las fechas, que deberemos ordenarlas del más nuevo al más antiguo o viceversa). Así, podremos colocar nuestro trabajo con más años de experiencia, con más categoría laboral, o el más afín al puesto que deseamos en primer lugar. Conociendo el poco tiempo que suelen tener los entrevistadores, es de vital importancia darle más visibilidad a la experiencia que mejor hablará de nosotros.
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