Una entrevista de trabajo es una reunión programada entre dos partes en la que una de ellas ejerce el control de la misma. Pero ese control es relativo, es decir, aunque el entrevistador sea quién haga las preguntas, las respuestas de los candidatos pueden marcar la dirección de la entrevista hacia unos temas u otros.
Por ejemplo, si nos preguntan el motivo de cese de nuestro último trabajo y respondemos que nos peleamos con nuestro jefe y no nos renovaron, estamos abriendo la puerta a que el entrevistador indague en los motivos del conflicto y se pueda forjar una imagen negativa de nosotros. Sin embargo, si en esa misma situación respondemos que el motivo de cese fue simplemente fin de contrato, estamos esquivando un tema espinoso para nuestros intereses.
Este ejemplo básico nos ilustra que en una entrevista no debemos ser meros espectadores de la acción y las preguntas del entrevistador, sino que tenemos la posibilidad de intervenir activamente para mostrar una imagen favorable.
Los objetivos del entrevistador son claros: obtener información para saber si eres idóneo para el puesto de trabajo y predecir si rendirás en él. En concreto, el entrevistador se afanará en averiguar tres aspectos igual de importantes: si puedes (en el aspecto físico), si sabes (a nivel de conocimientos y técnicas) y si quieres (respecto a la motivación) realizar el trabajo.
Un comercial con problemas de tobillos que no puede caminar a pie por los distintos establecimientos durante toda la jornada, una dependienta sin conocimiento alguno de ordenadores que no sabe hacer el arqueo de caja en una hoja de cálculo, o un camarero que detesta el trato con las personas y no quiere prestar una atención amable con el cliente son ejemplos de trabajadores que no cumplen alguno de los tres requisitos, y por ello un entrevistador eficaz los descartaría sin dudarlo.
Por otro lado, los objetivos de los candidatos son demostrar que pueden, saben y quieren hacer ese trabajo, haciendo especial hincapié en el interés y la motivación por el mismo: un trabajador sin motivación puede crear en pocos meses mal clima laboral con su apatía en la empresa, y los entrevistadores valoran bastante este aspecto. Además, los candidatos deben ser capaces de transmitir su competencia laboral. Me explico: si optamos a un puesto de administrativo, teniendo mucho dominio de todos los programas de ordenador utilizados para este empleo, y durante la media hora de la entrevista de trabajo no nos preguntan en ningún momento nada referido a las habilidades y conocimientos informáticos, cuando al final el entrevistador nos pregunta: “¿Desea añadir algo más antes de terminar?”, nosotros debemos responder: “Pues sí. Ya que no ha salido en conversación pero considero que es importante, quisiera comentarle que tengo amplios y actualizados conocimientos de los programas X, Y y Z, que son los empleados por todas las empresas y administraciones para el desempeño de esta labor…” De esta manera, nos aseguramos que el entrevistador conoce todos nuestros puntos fuertes, mejorando nuestras posibilidades de ser contratados.
En definitiva, tenemos que ser capaces de dejar una impresión positiva en el entrevistador al término de la reunión.










