La economía sumergida fruto de trabajar en negro (es decir, trabajar sin contrato legal) llega en España hasta el 17% del Producto Interior Bruto del país (según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos publicado por la Fundación de Cajas de Ahorros). Ese 17% permite deducir un par de datos más de interés.
En primer lugar, el dinero que deja de recaudar al año el Estado a causa de trabajar en negro. Se calcula que en los últimos 10 años, esta cifra oscila entre los 30.845 y los 32.735 millones de euros de media al año. Si toda esta cantidad fuera recaudada por Hacienda, se estima que la presión fiscal bajaría entre 4,5 y 4,8 puntos.
En segundo lugar, la cifra de puestos de trabajo que se realizan al margen de las cuentas del Estado. Si en 1980 esa cifra se suponía del 1,4 millones de empleos, en 2008 asciende a 4 millones de empleos. Más del triple, sin que la población activa de trabajadores en España se haya duplicado en el mismo periodo.
La conclusión de estas cifras es que la economía sumergida no entiende de crisis, sino que aumenta mucho más rápido que el trabajo legalmente realizado. Ahora bien, una cuestión importante a plantearse, a nivel personal, si trabajar en esta situación nos conviene.
En estos tiempos difíciles, buscarse un sobresueldo es algo a lo que se suele recurrir. Y no es extraño conocer a personas que, en ocasiones, no les queda más remedio que aceptar trabajos sin contrato. Pero hay una serie de aspectos que no se suelen evaluar cuando aceptamos esto:
-Estamos trabajando por un sueldo arbitrario, que puede no respetar los mínimos legales establecidos para dicha ocupación.
-Obviamos el convenio de trabajo de dicha ocupación, renunciando a los beneficios específicos que se establecen en el mismo (como un número mínimo de días de vacaciones obligatorio).
-Renunciamos a los derechos que establece la ley para los trabajadores, como percibir beneficios por causar baja en el puesto de trabajo.
-No cotizamos a la seguridad social, con lo que no se refleja la actividad profesional ejercida (repercutiendo en futuros cálculos de nuestra pensión), ni el Estado percibe rendimiento de dicha actividad.
Con todo esto, trabajar en negro no deja de ser un tema polémico y una práctica extendida en nuestro país, más si cabe cuando el trabajador no tiene otras opciones. ¿Quién se beneficia de este tipo de relación laboral ilegal? ¿Es deseable combatirla? ¿Qué se puede hacer al respecto?














Comentarios
El empresario tiene la sarten por el mango en situaciones como la actual
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