Las situaciones de ocio son las más cotidianas y frecuentes en las que nos podemos encontrar con todo tipo de conocidos, amigos, familiares, etc… Es precisamente debido a esa normalidad y a la naturalidad con la que se producen por lo que muchas personas que no buscan empleo no las aprovechan con la suficiente eficacia. Nos estamos refiriendo a situaciones como una boda, un cumpleaños, una celebración familiar, en los que quizás estamos más pendientes de la comida y de tener lleno nuestro plato que de relacionarnos con las personas que se encuentran allí.
Estemos o no buscando empleo, las situaciones sociales son oportunidades para hacer contactos y mantener nuestras relaciones vivas. Disfrutar del ocio, la música, la comida y el baile es compatible con relacionarnos con las personas. Y si además estamos buscando empleo, tenemos motivos suplementarios para intentar que la mayor parte de esos familiares, conocidos o amigos se conviertan en nuestros contactos. Aquí van algunas recomendaciones:
Todas las personas son importantes. Las relaciones personales son oportunidades directas o indirectas para mejorar profesionalmente. En una situación de grupo es interesante conocer al mayor número de personas posibles y que, sobre todo, intentemos profundizar en las relaciones con esas personas.
Todas las personas tienen una opinión de nosotros. ¿Qué impresión damos? ¿Es la que queremos dar? ¿Qué podemos hacer para mejorarla? ¿Las personas que me conocen están dispuestas a ayudarme? Una vía para mejorar la impresión que damos es mostrarnos agradables.
Mostrarnos agradables. Podemos poner mucho de nuestra parte para ser y resultar más sociables y cercanos. Las habilidades más importantes para conseguirlo son: recordar y mencionar su nombre y algunos detalles personales de cada persona; sonreír y mostrarse alegre; estar dispuesto a escuchar con interés; hablar de diversos temas interesantes con naturalidad; terminar una conversación que no nos gusta de forma educada; y hacer cumplidos sencillos. Y si no estamos de humor para todo esto, al menos mostrarnos sonrientes y educados.
Intentar hablar con el mayor número posible de personas. Para conocerles y mostrarnos agradables con ellos. Sin embargo, no hace falta que sean conversaciones demasiado largas: nadie quiere ser acaparado, y la conversación se puede hacer aburrida. Hay que dejarla cuando todavía es agradable.
No pedir empleo, pero informar de que se está buscando. Nuestro interés por el empleo debe ser un tema más de la conversación que tengamos con cada participante siempre que no sea el tema más importante y el que cierre la charla. Sí debemos concretar lo que buscamos, informar de nuestra profesionalidad y vendernos indirectamente lo mejor que podamos. Y esto lo podemos hacer sin tener en cuenta el trabajo de la otra persona, su profesión, etc: nunca se sabe dónde puede aparecer el contacto.
Completar y registrar información en una agenda. Nombre y apellidos, teléfono, e-mail, empresa en la que trabaja y puesto, datos familiares o amigos: cuanta más información obtengamos, más posibilidades tendremos de buscar otro encuentro, agradarle y solicitar su ayuda.
Concertar citas. Nuestras conversaciones deben terminar, en la medida de lo posible, en citas o propuestas concretas, sin que se conviertan en obligaciones.













